Hay veces en la vida en que no eres realista ni consciente del punto en el que te encuentras, que no sabes cómo estás en realidad y que tu cabeza te juega malas pasadas de vez en cuando llevándote a ver la realidad.
Que no todo es del color que nosotros deseamos por mucho que nos guste o nos empeñemos que sea del elegido. Que no todo es saber y conformarse sino que hay que saber cómo manejar las cosas.
De vez en cuando está bien pararse a pensar en todo, solo para analizar tu situación y evitar chascos. Que aunque nos caemos muchas veces a lo largo de nuestro camino, lo importante está en levantarse y seguir, en buscar nuevas formas de afrontar las cosas o en apoyarse verdaderamente en los que están ahí.
Sí, esos que están dispuestos a ayudarte, a enseñarte sobre lo que ya han vivido, en advertirte en aquello que te puede hacer mal. Esos que consiguen sacarte una sonrisa cuando la tuya está de vacaciones o te llegan a prestar la suya para que nada ni nadie te impida seguir.
Aquellos que a pesar de que tropieces 'venticatorce' veces con la misma piedra, están allí para curarte las heridas y ver el lado positivo de las cosas. Porque por muy malo que sea o por muy estúpido que suene es así cómo aprendemos de los errores, a base de equivocarnos y es por eso por lo que alguien me dijo que 'aprender es fácil, pero la experiencia es otra cosa'.
Y que no hay por qué correr, que por mucho que lo hagas no vas a conseguir que el mundo gire más deprisa o que las horas y minutos pasen más rápido. Que cada cosa va a su tiempo y que aunque no nos guste la espera y seamos impacientes, podemos llenar el mundo mientras de sonrisas o ir a prestar la nuestra a alguien que la necesite.
Porque para eso estamos, para crecer y aprender sin llegar a perder la sonrisa. :)