Por lo general, mi orden es el caos para otros... pero aquel día, aquel caos lo llegó a ser para mí.
El escritorio estaba lleno de bolígrafos, rotuladores, lápices, folios, algún que otro clip, tickets de algún capricho, los cascos de escuchar música, unos cuantos (¡pero cuántos!) post its de colores repartidos por la mesa, las paredes, las ventanas, los folios e incluso en mi ropa... Y allí estaba yo, tumbada en mi cama boca arriba con la cabeza colgando por un lateral esperando que la sangre que acudiera a esta pudiera nublarme la vista y hacerme desconectar.
La música sonaba suave de fondo. En el suelo reposaba alguna hoja de papel escrita con garabatos que nadie en su sano juicio podría interpretar. El reloj de la mesilla marcaba las 11 y me recordaba a cada instante mi pérdida de tiempo con su monótono sonido, tic-tac, tic-tac, tic- tac. Tic-tac.
Me di la vuelta derrotada y cogí el móvil, una pequeña luz parpadeaba en su pantalla que me hizo sonreír. Lo desbloqueé y allí apareció en aquella pantalla su foto de perfil y un "Hola :)" Sí sí, carita incluida. Mi corazón comenzó a acelerarse como las alas de un pájaro preparado para despegar. Rápidamente le contesté, dejando a un lado tooda mi creatividad (si es que me quedaba algo).
Aunque la conversación siempre empezaba del mismo modo y se daba muy de vez en cuando, no podía evitar sonreír y sentir aquel remolino de emociones que me inundaba cada vez que mi móvil brillaba por él.
— Quiero mimos. - escribí en uno de mis bajones nocturnos.
— Y yo...- contestó. Y sabía que el sentimiento era mutuo, suspiré al leerlo.
Y en aquel momento toda la sangre que se me había bajado a la cabeza hizo que perdiera toda cordura y me pusiera a soñar despierta.
— :( ¿Nos fugamos? -Escribí riéndome en mi interior.
— ¿A dónde?- Contestó.
— A donde sea. A la vuelta de la esquina me vale.- Escribí riéndome. Qué locura aquella, pero a veces desearía que fuera real. Olvidarme y alejarme de todos aquellos folios, problemas, de la realidad, del aquel suelo que pisaba...
Él se rió. Suspiré.
Me distraje recogiendo aquel desastre y organizando todos aquellos apuntes. Era tarde y me estaba cayendo muerta del sueño. El móvil vibró sobre la mesilla de noche y la luz volvió a brillar parpadeando. Era él.
— ¿Dónde estás? ¿Bajas ya? Te estoy esperando.
Parpadeé y pestañeé varias veces. Me estaba vacilando. Seguro.
— Baja.
Y sin pensármelo más, me calcé y me puse una sudadera encima del pijama y bajé. El aire nocturno me cortó la sangre según salí del portal. Hacía buena noche, no había rastro de la luna y el cielo brillaba en tono azul oscuro resaltando las pequeñas estrellas que lo poblaban. Avancé por la acera y di la vuelta a la esquina.
Sentí un vacío en el pecho y con ello una desilusión. No había rastro de él. En su lugar, la bombilla de la farola parpadeaba.
Dispuesta a volver a casa, sentí una suave brisa a mi alrededor que se convirtió en un cálido abrazo. Sus brazos rodearon mi cintura y mi espalda quedó pegada a su pecho. Deslizó su barbilla sobre mi clavícula suavemente y me dio un pequeño beso en la mejilla. Sonreí.
— ¿No pensarías que te había hecho bajar para nada, no?- susurró. —Tengo una sorpresa para ti. - sonrió y me estrechó cariñosamente en sus brazos.