Escuchas tu respiración, relajada y lenta al principio y de un impulso, inspiras una bocada de aire y junto con la rabia acumulada explotas como si de la gasolina en un motor se tratase. Tus piernas se mueven ágiles, acompasadas mientras que tu respiración se empieza entrecortar y haces que dosis de oxígeno se introduzcan en tus pulmones en pequeños periodos de tiempo, el corazón empieza a latir con fuerza, tanta, que le escuchas en tu cabeza. "¿Me estaré volviendo loca?" No te da tiempo ni para pensar pero se te pasa por la mente.
Sigues moviendo tus piernas, sigues corriendo, con rabia, con esfuerzo pero sigues. "¿A dónde pretendo llegar?" No tienes respuesta pero sigues corriendo. Tras un periodo de tiempo en el que lo has dado todo de ti en ese esfuerzo, frenas en seco. Sabes que es malo, pero aún así lo haces. Los latidos de tu corazón siguen escuchándose en tu cabeza, repercutiendo en tus oídos. Sientes un fuerte dolor de cabeza, un pequeño mareo. Jadeas entrecortada por el esfuerzo intentando que la respiración vuelva a su ritmo habitual.
"¿Sigo corriendo?" Te preguntas mientras intentas volver a tu estado normal, de reposo. "Y de ser así.. ¿a dónde llegaré?". Intentas huir de algo que ni sabes lo que es, ni por qué le tienes miedo, solo quieres huir, ¿hacia dónde? "Hachazo" No sabes ni hacia donde, ni por qué, ni de qué huyes, ni de lo que te espera. Entonces... ¿Qué haces?
El futuro es algo impredecible, o tal vez no, el caso es que no sabes lo que puede ocurrir mañana, no sabes a qué te tendrás que enfrentar en un tiempo lejano, en unos días, en unas horas o incluso dentro de una milésima de segundo, simplemente no lo sabes. Tememos lo que no conocemos, y por ello, todo aquello que esté relacionado con esto. Tememos elegir en algunos momentos, en los relacionados con el futuro.
Rabia, impotencia y miedo. Sentimientos que se te cruzan cuando no sabes qué hacer, no sabes qué elegir o incluso cuando estás muy perdido. Preguntas como "¿Servirá de algo?" o "¿Qué pasará si...?" son frecuentes en nuestro día a día. El no saber qué elegir, qué hacer o cómo sentirse. ¿Dejaremos algún día de sentirnos agobiados por el futuro o por nuestras dudas sobre este?
lunes, 26 de marzo de 2012
domingo, 25 de marzo de 2012
Empate. Imposible.
Se escucha la voz, tu voz, cantando la canción que se reproduce en tu reproductor de música. Es una de tus canciones favoritas, con la que intentas dejar a un lado la realidad, los problemas, el ruido de fuera... Caminas por el pasillo hasta colocarte en frente de una puerta, la puerta elegida. Deslizas la mano hasta el picaporte, haces una ligera presión sobre él hacia abajo y empujas hacia adentro mientras que al tiempo dejas que la fuerza empleada para bajarlo, se vuelva en tu contra, en contra de tu mano y vuelva a su posición inicial.
Al abrir aquella puerta todo cambia, el aroma, la temperatura, toda la información que tus sentidos reciben es diferente. Mandas una orden al cerebro que hace que tus piernas se muevan entrando dentro de la estancia, cierras la puerta tras de ti y andas un par de pasos hasta colocarte en frente de un espejo. Apoyas tus manos en el mueble del lavabo y fijas tu mirada al ser que se encuentra al otro lado, retándolo.
Entonces tu cabeza deja de escuchar la música y se centra en el espejo. Tus manos se cierran haciendo presión en el lavabo y te inclinas levemente hacia adelante. Quieres ganar el pulso con la mirada al otro ser, lo quieres vencer, quieres derrotar todo aquello que te hace sentir diferente. Estúpido suena si te paras a pensar que ese ser es tu reflejo, tu misma imagen, tú... pero todo te da igual, simplemente quieres ganarlo. Entrecierras los ojos, intentando hacer más fulminante la mirada, pretendiendo herirle. La apartas tras un tiempo, a igual que lo hace el otro ser. Empate. Pero en la vida no hay empates que valgan. Todos sabemos que nada es igual, que a grandes o a pequeños rasgos todo es diferente, alguien tiene que ganar. Y ese alguien, quieres ser tú.
Agachas la cabeza mirando hacia el lavabo, cerrando los ojos lentamente y apretándoles. Respiras hondo, o al menos lo intentas, pero sigues haciendo presión. Todo se decide a base de "guerras" y una de ellas está ocurriendo en tu cabeza. "¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?" piensas, "Ni tan siquiera puedo vencer a mi reflejo, sabiendo mis puntos débiles... y aún así no puedo". Un suspiro se escapa de tu boca y hace que levantes lentamente la cabeza para volver a ver tu reflejo. Deslizas tu mano hacia el cristal y te das cuenta de que el otro ser hace exactamente lo mismo. Niegas levemente con la cabeza, razonando la estupidez del acto.
Por muchas luchas que se intenten afrontar, si no se está preparado, mal se va a hacer. Las cosas necesitan su tiempo, todo necesita un tiempo para ser aclarado, hasta nosotros mismos. Tiempo, tiempo, tiempo. Algo que aunque no te des cuenta, se expira, se fuga...; algo que aunque lo intentes parar... no lo conseguirás nunca.
La impaciencia humana es uno de nuestros mayores enemigos, uno de los que suele ganar llevando todo hacia el mal. Es mejor gastar tiempo reflexionando algo antes que correr y perderse, ahí, si que perdemos tiempo y es algo tan valioso que hace que el ser humano tras darse cuenta de lo que significa, lo aprecie.
Al abrir aquella puerta todo cambia, el aroma, la temperatura, toda la información que tus sentidos reciben es diferente. Mandas una orden al cerebro que hace que tus piernas se muevan entrando dentro de la estancia, cierras la puerta tras de ti y andas un par de pasos hasta colocarte en frente de un espejo. Apoyas tus manos en el mueble del lavabo y fijas tu mirada al ser que se encuentra al otro lado, retándolo.
Entonces tu cabeza deja de escuchar la música y se centra en el espejo. Tus manos se cierran haciendo presión en el lavabo y te inclinas levemente hacia adelante. Quieres ganar el pulso con la mirada al otro ser, lo quieres vencer, quieres derrotar todo aquello que te hace sentir diferente. Estúpido suena si te paras a pensar que ese ser es tu reflejo, tu misma imagen, tú... pero todo te da igual, simplemente quieres ganarlo. Entrecierras los ojos, intentando hacer más fulminante la mirada, pretendiendo herirle. La apartas tras un tiempo, a igual que lo hace el otro ser. Empate. Pero en la vida no hay empates que valgan. Todos sabemos que nada es igual, que a grandes o a pequeños rasgos todo es diferente, alguien tiene que ganar. Y ese alguien, quieres ser tú.
Agachas la cabeza mirando hacia el lavabo, cerrando los ojos lentamente y apretándoles. Respiras hondo, o al menos lo intentas, pero sigues haciendo presión. Todo se decide a base de "guerras" y una de ellas está ocurriendo en tu cabeza. "¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?" piensas, "Ni tan siquiera puedo vencer a mi reflejo, sabiendo mis puntos débiles... y aún así no puedo". Un suspiro se escapa de tu boca y hace que levantes lentamente la cabeza para volver a ver tu reflejo. Deslizas tu mano hacia el cristal y te das cuenta de que el otro ser hace exactamente lo mismo. Niegas levemente con la cabeza, razonando la estupidez del acto.
Por muchas luchas que se intenten afrontar, si no se está preparado, mal se va a hacer. Las cosas necesitan su tiempo, todo necesita un tiempo para ser aclarado, hasta nosotros mismos. Tiempo, tiempo, tiempo. Algo que aunque no te des cuenta, se expira, se fuga...; algo que aunque lo intentes parar... no lo conseguirás nunca.
La impaciencia humana es uno de nuestros mayores enemigos, uno de los que suele ganar llevando todo hacia el mal. Es mejor gastar tiempo reflexionando algo antes que correr y perderse, ahí, si que perdemos tiempo y es algo tan valioso que hace que el ser humano tras darse cuenta de lo que significa, lo aprecie.
lunes, 12 de marzo de 2012
¿De qué huyes?
Suspiras mientras cierras los ojos, deseando encoger, desaparecer y simplemente escuchas de fondo un sonido seco, rítmico..., unos tacones haciéndose notar sobre un suelo embaldosado. Sientes como algo en tu interior se encoje y que tus piernas reaccionan del mismo modo, encogiéndose, pegándose a tu pecho e instintivamente tus brazos los rodean, ejerciendo una presión de mayor intensidad sobre tu pecho con estas, el cual se expande, notas pinchazos, pinchazos que parecen cuchillas afiladas atravesándolo, y tú en cambio, intentando hacer que se encoja para no sentir dolor.
En tu cabeza, en cambio, solo pasan imágenes, una tras otra, una tras otra... y a diferencia, sigues viendo las cosas igual de oscuras e incluso más negras cada vez que se repiten. "¿qué me está pasando?" Pero no obtienes respuesta, solo empiezas a sentir repulsión hacia la idea, a querer alejarte de ella, de los problemas, de todo aquello que te pueda dañar.. y es así como se siente el miedo. Esa impotencia de no poder realizar a veces lo que sientes, lo que deseas, por tener temor, por ver de un modo u otro las posibles consecuencias.
Se suele denominar el miedo como una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable ante algo que nos asusta o creemos que nos puede hacer daño, como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario... algo de lo que se intenta huir, escapar... pero que si no se enfrenta, jamás podrá ser erradicado.
La lucha contra nuestros miedos puede ser quizás una de las batallas más duras y difíciles que podremos tener nunca, nuestro único enemigo, el más difícil solemos ser nosotros y esto ocurre con el miedo, nosotros mismos nos cerramos y no lo enfrentamos... ¿Así pensamos solucionar las cosas? Sí, hay ocasiones en las que se tiene en juego mucho, algo demasiado valioso como para no enfrentarlo... pero, ¿realmente queremos estar así?, ¿Sufriendo una angustia, una impotencia y sobre todo sin saber la verdad de las cosas?
Como todo en esta vida, se basa de elecciones, hay momentos en los que decides o decides, no hay otra opción, y entonces te tocará enfrentar a los miedos, a todo de lo que has estado huyendo durante tanto tiempo que habrá conseguido ser más problema aún, más difícil...
¿Por qué no empezarlo a enfrentar desde el principio? Todo sería más fácil y aunque no se tengan los resultados deseados, siempre nos quedará el consuelo de saber la verdad.
sábado, 3 de marzo de 2012
Correr sin llegar a ningún lugar.
Con los ojos cerrados. Escuchas de fondo una melodía que su letra solo hace alusión a una lucha existencial en busca de algo codiciado así como las consecuencias de dicha búsqueda.
Respiras profundamente varias veces, de forma relajada, intentando seguir el propio ritmo que tú te marcas. ¿Qué hay en el aire, en el ambiente que al respirarlo, al introducirlo dentro de tu propio cuerpo, mi propio cuerpo hace que empiece a pesar mil veces más? Es una sensación extraña, hace que cada músculo, con cada respiración empiece a no responder, a sentirse cansado, a querer descansar en el suelo, y es así como ocurre, te desmoronas completamente y tu cuerpo gana, vence a tu voluntad junto con la gravedad. Y ahí te encuentras tumbado, caído, derrotado sobre un suelo del cual aún así dudamos de que sea seguro. "¿Qué está pasando?" te preguntas sin tener respuesta alguna. Nunca antes te habías sentido tan derrotado y ahora no puedes hacer nada que no sea pensar. Como si tu cuerpo tuviera circuitos y solo habrían dejado sin desconectar los de tu mente, tus ojos, tus sentidos...
Sientes frío, te encuentras en una absoluta soledad de la cual no ves ninguna luz por el camino. Tus mejillas se bañan con las lágrimas. Impotencia, dolor, frustración. Cierras los ojos intentando hacer que todo desaparezca, que todo sea un sueño y puedas huir. Y solo aparecen en tu mente una especie de sueño, como un recuerdo, un pensamiento frustrante en el que aparece una habitación, larga, donde corres y corres intentando buscar ese punto de luz, un punto de luz de esperanza pero que por mucho que corres hacia él, no llegas, nunca llegas.
Una necesidad de buscar "aire fresco", una necesidad de poder escapar, huir de todo lo que te agobia, te aprieta y hace que no te puedas mover del suelo. Querer poder ver ese rayo de luz que hace que lo primero que se dibuje en tu cara, sea una sonrisa, esa sonrisa que tanto cuesta sacar en los momentos difíciles, en los que solo tienes ganas de llorar y llorar hasta deshidratarse. ¿Tan difícil es que aparezca? Y justo cuando más lo necesitas, parece haber desaparecido de la faz de la tierra.
Ese rayo de sol, a veces se encuentra en las cosas más pasables por alto, en las que casi nunca nos fijamos o en las que a pesar de que las apreciamos, nunca pensaríamos que podrían hacernos tanto. Una pequeña medicina contra todos los dolores, sean cuales sean. Un beso, un abrazo o simplemente esa sonrisa. Solo necesitas eso para poder sonreír y ser feliz por un rato. Yo quiero esa felicidad, quiero poder tener ese seguro cada vez que me sienta así, lo necesito. ¿Y tú? ¿Has encontrado ya ese pequeño rayo de felicidad?
Respiras profundamente varias veces, de forma relajada, intentando seguir el propio ritmo que tú te marcas. ¿Qué hay en el aire, en el ambiente que al respirarlo, al introducirlo dentro de tu propio cuerpo, mi propio cuerpo hace que empiece a pesar mil veces más? Es una sensación extraña, hace que cada músculo, con cada respiración empiece a no responder, a sentirse cansado, a querer descansar en el suelo, y es así como ocurre, te desmoronas completamente y tu cuerpo gana, vence a tu voluntad junto con la gravedad. Y ahí te encuentras tumbado, caído, derrotado sobre un suelo del cual aún así dudamos de que sea seguro. "¿Qué está pasando?" te preguntas sin tener respuesta alguna. Nunca antes te habías sentido tan derrotado y ahora no puedes hacer nada que no sea pensar. Como si tu cuerpo tuviera circuitos y solo habrían dejado sin desconectar los de tu mente, tus ojos, tus sentidos...
Sientes frío, te encuentras en una absoluta soledad de la cual no ves ninguna luz por el camino. Tus mejillas se bañan con las lágrimas. Impotencia, dolor, frustración. Cierras los ojos intentando hacer que todo desaparezca, que todo sea un sueño y puedas huir. Y solo aparecen en tu mente una especie de sueño, como un recuerdo, un pensamiento frustrante en el que aparece una habitación, larga, donde corres y corres intentando buscar ese punto de luz, un punto de luz de esperanza pero que por mucho que corres hacia él, no llegas, nunca llegas.
Una necesidad de buscar "aire fresco", una necesidad de poder escapar, huir de todo lo que te agobia, te aprieta y hace que no te puedas mover del suelo. Querer poder ver ese rayo de luz que hace que lo primero que se dibuje en tu cara, sea una sonrisa, esa sonrisa que tanto cuesta sacar en los momentos difíciles, en los que solo tienes ganas de llorar y llorar hasta deshidratarse. ¿Tan difícil es que aparezca? Y justo cuando más lo necesitas, parece haber desaparecido de la faz de la tierra.
Ese rayo de sol, a veces se encuentra en las cosas más pasables por alto, en las que casi nunca nos fijamos o en las que a pesar de que las apreciamos, nunca pensaríamos que podrían hacernos tanto. Una pequeña medicina contra todos los dolores, sean cuales sean. Un beso, un abrazo o simplemente esa sonrisa. Solo necesitas eso para poder sonreír y ser feliz por un rato. Yo quiero esa felicidad, quiero poder tener ese seguro cada vez que me sienta así, lo necesito. ¿Y tú? ¿Has encontrado ya ese pequeño rayo de felicidad?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)