Se escucha la voz, tu voz, cantando la canción que se reproduce en tu reproductor de música. Es una de tus canciones favoritas, con la que intentas dejar a un lado la realidad, los problemas, el ruido de fuera... Caminas por el pasillo hasta colocarte en frente de una puerta, la puerta elegida. Deslizas la mano hasta el picaporte, haces una ligera presión sobre él hacia abajo y empujas hacia adentro mientras que al tiempo dejas que la fuerza empleada para bajarlo, se vuelva en tu contra, en contra de tu mano y vuelva a su posición inicial.
Al abrir aquella puerta todo cambia, el aroma, la temperatura, toda la información que tus sentidos reciben es diferente. Mandas una orden al cerebro que hace que tus piernas se muevan entrando dentro de la estancia, cierras la puerta tras de ti y andas un par de pasos hasta colocarte en frente de un espejo. Apoyas tus manos en el mueble del lavabo y fijas tu mirada al ser que se encuentra al otro lado, retándolo.
Entonces tu cabeza deja de escuchar la música y se centra en el espejo. Tus manos se cierran haciendo presión en el lavabo y te inclinas levemente hacia adelante. Quieres ganar el pulso con la mirada al otro ser, lo quieres vencer, quieres derrotar todo aquello que te hace sentir diferente. Estúpido suena si te paras a pensar que ese ser es tu reflejo, tu misma imagen, tú... pero todo te da igual, simplemente quieres ganarlo. Entrecierras los ojos, intentando hacer más fulminante la mirada, pretendiendo herirle. La apartas tras un tiempo, a igual que lo hace el otro ser. Empate. Pero en la vida no hay empates que valgan. Todos sabemos que nada es igual, que a grandes o a pequeños rasgos todo es diferente, alguien tiene que ganar. Y ese alguien, quieres ser tú.
Agachas la cabeza mirando hacia el lavabo, cerrando los ojos lentamente y apretándoles. Respiras hondo, o al menos lo intentas, pero sigues haciendo presión. Todo se decide a base de "guerras" y una de ellas está ocurriendo en tu cabeza. "¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?" piensas, "Ni tan siquiera puedo vencer a mi reflejo, sabiendo mis puntos débiles... y aún así no puedo". Un suspiro se escapa de tu boca y hace que levantes lentamente la cabeza para volver a ver tu reflejo. Deslizas tu mano hacia el cristal y te das cuenta de que el otro ser hace exactamente lo mismo. Niegas levemente con la cabeza, razonando la estupidez del acto.
Por muchas luchas que se intenten afrontar, si no se está preparado, mal se va a hacer. Las cosas necesitan su tiempo, todo necesita un tiempo para ser aclarado, hasta nosotros mismos. Tiempo, tiempo, tiempo. Algo que aunque no te des cuenta, se expira, se fuga...; algo que aunque lo intentes parar... no lo conseguirás nunca.
La impaciencia humana es uno de nuestros mayores enemigos, uno de los que suele ganar llevando todo hacia el mal. Es mejor gastar tiempo reflexionando algo antes que correr y perderse, ahí, si que perdemos tiempo y es algo tan valioso que hace que el ser humano tras darse cuenta de lo que significa, lo aprecie.
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