sábado, 31 de octubre de 2015

Por si lo quieres.

".. Cuando un beso llega tarde y se entretiene con un adiós charlando sobre el olvido es cuando muere un amor..." Se escuchaba de fondo en el reproductor.

Llevaba toda la tarde tirada en la cama, dando vueltas sobre mí misma esperando a que llegar el momento por el que mereciera la pena salir de allí.

El suelo estaba lleno de hojas de papel y bolígrafos esparcidos, un huracán podrían haber sido el causante de tal caos, pero el verdadero culpable era el aburrimiento, la angustia. Ningún dibujo había conseguido escaparse de la cárcel de mi cabeza para tomar vida y libertad en un papel. Nada claro.

Era incluso más frustrante el no poder desestresarse como normalmente hacía que aquello que verdaderamente me atormentaba. Pulsé las teclas de mi móvil y nada excepto la hora y la batería habían cambiado en el salvapantallas.
Sin tí sería silencio.

La puerta de mi habitación se abrió e iluminó a través de la pequeña abertura mi universo sin luz. Envuelta en el edredón me giré para ver cuál era el motivo por el que se iluminaba. Aparecieron sus ojos, su sonrisa... y poco a poco él entero, cerró tras de sí la puerta y dejó una mochila en el suelo. Se descalzó y se acercó  poco a poco a mi cama, a mí, y cuidadosamente se sentó en el borde. Alzó su mano y la llevó a mi pelo para colocármelo detrás de la oreja. Le miré con ojos dudosos, tristes y apagados. Volvió a sonreír. 

Odiaba lo que aquel inocente gesto producía en mí. Calmaba cualquier tormenta, hacía que me tranquilizara y que no existiera nada más que él. Entre abrí los labios para reprocharle y al instante los volví a cerrar. Cerré los ojos y suspirando me volví a girar sobre mí misma ocultándome tras el edredón.

No podía ser que siempre acabara haciendo lo mismo, que siempre volviera y pretendiese que las cosas siguieran como siempre, como si nada. 

Se tumbó junto a mí y me abrazó. Intenté reprimir mis lágrimas pero no fue posible, lloré en silencio en su presencia y con odio sin poder hacer nada. 

Me tranquilicé y me incorporé. Me alejé de él y me libré del edredón para sentarme a los pies de la cama mirando la ventana. Noté su mirada en mi espalda pero lo obvié. 

La luna brillaba y las estrellas le ayudaban a iluminar aquel cielo nocturno. Hacía frío pero en casa se estaba a gusto. 

Deseé perderme en aquel cielo. Estar rodeada de miles de pequeños astros que me hiciesen pasar inadvertida. De sentirme pequeña e insignificante en aquel universo, pero la tierra demandaba mi presencia y poco más pude evadirme.

No supe si hablar, si dejar que él empezara.

No puedo seguir estando callada ni fingir que no pasa nada. - agaché la cabeza y suspiré para armarme de valor. — Creo que lo mejor sería que..

Y se apagó la luz.