Los días pasaron. La pantalla de mi móvil se seguía iluminando pero cada vez con menor frecuencia, los mensajes y las llamadas perdidas no dejaban de aumentar; y a pesar de todo, allí seguía yo en aquella esquina de mi habitación sentada en el pequeño "puff" púrpura que se enfrentaba a la ventana con los auriculares puestos intentando distraerme con la música.
Afuera en la calle hacía frío. El invierno comenzaba a hacer acto de presencia y las hojas que antes cubrían el suelo comenzaban a entretejerse por la fina capa de hielo de las heladas nocturnas. El viento soplaba ligeramente y agitaba las copas y las ramas de los árboles. Imaginarme estar fuerza me hizo sentir un escalofrío.
Me levanté, cogí la manta que cubría la parte inferior de mi cama y me senté de nuevo en aquel "puff", arropándome con esta, y continué dibujando el árbol solitario que se encontraba en frente de mi casa.
Poco después alcé la vista y una silueta oscura se acercó al porche de mi casa. Sentí curiosidad y me levanté quitándome los auriculares y dejando a un lado el bloc de dibujo y el lápiz. El timbre sonó. Me acerqué a la barandilla de la escalera y asomé levemente hacia la puerta de la entrada a hurtadillas a fin de identificar al sujeto. Los pasos de mi madre resonaron por el parqué hacia la entrada y abrió la puerta.
Bruce apareció en el umbral de la puerta. Mi cara de sorpresa no pareció ser la única en el lugar, mi madre también la debía de tener por su reacción aunque no la pude llegar a ver. - Ho.. hola Bruce, ¿Qué tal estás? No sabía que ibas a venir, pasa - hizo un ademán con la mano invitándolo a entrar- Sarah está arriba. ¿Hace mucho frío en la calle? Tienes pinta de estar helado. - mi madre le tocó la mejilla y le cogió la cazadora casi casi desvistiéndole. Fue graciosa la escena, en todo aquel tiempo mi madre le había cogido tanto cariño que era normal su reacción. - Sube, ahora os subo algo caliente para merendar. -Mi madre sonrió y se alejó dejándole solo al pie de la escalera.
Se lo pensó dos veces antes de poner un pie sobre el primer escalón. Aquello me dio tiempo para alejarme de puntillas de la escalera hacia mi habitación, conseguí volver la puerta unos segundos antes de que él llamara con los nudillos en esta y asomara levemente su cabeza. Tardé unos segundos en reaccionar, fingiendo estar distraída y volví la cabeza hacia él. Nuestras miradas se cruzaron después de tanto tiempo y sentí un nudo en el estómago que no sabría ni como describirlo.
El silencio se hizo pesado e incluso un tanto doloroso.
Abrió la puerta sin dejar de mirarme. - Tu madre me ha dejado entrar, ¿puedo pasar? - En ese momento las palabras no llegaron a salir de mi boca. Su rostro delataba todo aquello que había sufrido en los últimos días. Me sentí más culpable que nunca. Conseguí a duras penas asentir y tras mi señal afirmativa se acercó y se sentó al borde de mi cama, como solía hacer, solo que esta vez parecía que nos separaban una multitud de kilómetros.
El silencio se mantuvo y poco después apareció mi madre con una bandeja con chocolate caliente y algunos que otros dulces. Fingimos sonrisas y le dimos las gracias y después se fue. Ninguno de los dos nos preocupamos si quiera por la comida, aunque el chocolate cambió el aroma de la habitación y pareció relajar levemente el ambiente, cosa que se agradecía.
Agaché la mirada e intenté distraerme mirando y jugando con mis dedos. Me dolía tanto mirarle que era incapaz de hacerlo. Mi móvil vibró en mi cama y parpadeó un instante la luz de la pantalla; lo cogí y lo dejé boca abajo en la mesilla. - Has estado ignorando todos mis mensajes, mis llamadas... a mí... - dijo en un hilo de voz. - Suspiré y las lágrimas llenaron mis ojos, no sabía que decir. - ¿Qué te pasa Sarah? Si he hecho algo mal contigo ... me gustaría que me lo dijeras.. no me gusta estar así, llevo días casi sin dormir, preguntándome qué hice mal para que salieras así huyendo... por favor..
- Lo siento. - Fue lo único que salió en un suspiro de mi boca. Proseguí sin mirarle.- En realidad no hiciste nada malo, he sido yo, todo es culpa mía y no sé cómo explicarlo porque sinceramente no sé qué es lo que pasa... Me agobié y salí huyendo, lo siento. - Su mano se acercó a las mías y la colocó encima, haciéndome detener aquel patético juego. Se me cortó la respiración al sentir su mano y tragué saliva. - No quería hacerte daño, me equivoqué actuando así, pero para mí algo ha cambiado, las cosas no son como antes, no sabría decirte por qué. - Aunque en realidad sí lo sabía, pero aún así, para mí también era un misterio por qué mis sentimientos habían cambiado tan de repente.
-Podemos volver a intentarlo... te daré el espacio que necesites, lo que sea pero no puedo perderte. - Bruce se acercó aún más. Levanté la mirada y mis ojos vidriosos se encontraron con los suyos suplicantes. Negué levemente la cabeza a la vez que hablaba. - Lo siento pero... no creo que pueda.. - Se acercó aún más, tanto que sus labios casi podían rozar los míos. En un suave movimiento, agaché la cabeza desviando mis labios de la trayectoria de los suyos. Un suspiro salió de su boca. - Será mejor que me vaya... - dijo. Asentí y noté como se levantaba de la cama y como su presencia se alejaba hasta desaparecer tras la puerta.
Respiré. No sabría decir si más angustiada que antes o no, todo aquello me resultó abrumador. Cogí el móvil, abrí el chat de Stephan y escribí.
Necesito verte.: Yo