domingo, 22 de noviembre de 2015

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Los días pasaron. La pantalla de mi móvil se seguía iluminando pero cada vez con menor frecuencia, los mensajes y las llamadas perdidas no dejaban de aumentar; y a pesar de todo, allí seguía yo en aquella esquina de mi habitación sentada en el pequeño "puff" púrpura que se enfrentaba a la ventana con los auriculares puestos intentando distraerme con la música.

Afuera en la calle hacía frío. El invierno comenzaba a hacer acto de presencia y las hojas que antes cubrían el suelo comenzaban a entretejerse por la fina capa de hielo de las heladas nocturnas. El viento soplaba ligeramente y agitaba las copas y las ramas de los árboles. Imaginarme estar fuerza me hizo sentir un escalofrío.

Me levanté, cogí la manta que cubría la parte inferior de mi cama y me senté de nuevo en aquel "puff", arropándome con esta, y continué dibujando el árbol solitario que se encontraba en frente de mi casa.

Poco después alcé la vista y una silueta oscura se acercó al porche de mi casa. Sentí curiosidad y me levanté quitándome los auriculares y dejando a un lado el bloc de dibujo y el lápiz. El timbre sonó. Me acerqué a la barandilla de la escalera y asomé levemente hacia la puerta de la entrada a hurtadillas a fin de identificar al sujeto. Los pasos de mi madre resonaron por el parqué hacia la entrada y abrió la puerta.

Bruce apareció en el umbral de la puerta. Mi cara de sorpresa no pareció ser la única en el lugar, mi madre también la debía de tener por su reacción aunque no la pude llegar a ver. - Ho.. hola Bruce, ¿Qué tal estás? No sabía que ibas a venir, pasa - hizo un ademán con la mano invitándolo a entrar- Sarah está arriba. ¿Hace mucho frío en la calle? Tienes pinta de estar helado. - mi madre le tocó la mejilla y le cogió la cazadora casi casi desvistiéndole. Fue graciosa la escena, en todo aquel tiempo mi madre le había cogido tanto cariño que era normal su reacción. - Sube, ahora os subo algo caliente para merendar. -Mi madre sonrió y se alejó dejándole solo al pie de la escalera.

Se lo pensó dos veces antes de poner un pie sobre el primer escalón. Aquello me dio tiempo para alejarme de puntillas de la escalera hacia mi habitación, conseguí volver la puerta unos segundos antes de que él llamara con los nudillos en esta y asomara levemente su cabeza. Tardé unos segundos en reaccionar, fingiendo estar distraída y volví la cabeza hacia él. Nuestras miradas se cruzaron después de tanto tiempo y sentí un nudo en el estómago que no sabría ni como describirlo.

El silencio se hizo pesado e incluso un tanto doloroso.

Abrió la puerta sin dejar de mirarme. - Tu madre me ha dejado entrar, ¿puedo pasar? - En ese momento las palabras no llegaron a salir de  mi boca. Su rostro delataba todo aquello que había sufrido en los últimos días. Me sentí más culpable que nunca. Conseguí a duras penas asentir y tras mi señal afirmativa se acercó  y se sentó al borde de mi cama, como solía hacer, solo que esta vez parecía que nos separaban una  multitud de kilómetros. 

El silencio se mantuvo y poco después apareció mi madre con una bandeja con chocolate caliente y algunos que otros dulces. Fingimos sonrisas y le dimos las gracias y después se fue. Ninguno de los dos nos preocupamos si quiera por la comida, aunque el chocolate cambió el aroma de la habitación y pareció relajar levemente el ambiente, cosa que se agradecía.

Agaché la mirada e intenté distraerme mirando y jugando con mis dedos. Me dolía tanto mirarle que era incapaz de hacerlo. Mi móvil vibró en mi cama y parpadeó un instante la luz de la pantalla; lo cogí y lo dejé boca abajo en la mesilla. - Has estado ignorando todos mis mensajes, mis llamadas...  a mí... - dijo en un hilo de voz. - Suspiré y las lágrimas llenaron mis ojos, no sabía que decir. - ¿Qué te pasa Sarah? Si he hecho algo mal contigo ... me gustaría que me lo dijeras.. no me gusta estar así, llevo días casi sin dormir, preguntándome qué hice mal para que salieras así huyendo... por favor..

- Lo siento. - Fue lo único que salió en un suspiro de mi boca. Proseguí sin mirarle.- En realidad no hiciste nada malo, he sido yo, todo es culpa mía y no sé cómo explicarlo porque sinceramente no sé qué es lo que pasa... Me agobié y salí huyendo, lo siento. - Su mano se acercó a las mías y la colocó encima, haciéndome detener aquel patético juego. Se me cortó la respiración al sentir su mano y tragué saliva. - No quería hacerte daño, me equivoqué actuando así, pero para mí algo ha cambiado, las cosas no son como antes, no sabría decirte por qué. - Aunque en realidad sí lo sabía, pero aún así, para mí también era un misterio por qué mis sentimientos habían cambiado tan de repente. 

-Podemos volver a intentarlo... te daré el espacio que necesites, lo que sea pero no puedo perderte. - Bruce se acercó aún más. Levanté la mirada y mis ojos vidriosos se encontraron con los suyos suplicantes. Negué levemente la cabeza a la vez que hablaba. - Lo siento pero... no creo que pueda.. - Se acercó aún más, tanto que sus labios casi podían rozar los míos. En un suave movimiento, agaché la cabeza desviando mis labios de la trayectoria de los suyos. Un suspiro salió de su boca. - Será mejor que me vaya... - dijo. Asentí y noté como se levantaba de la cama y como su presencia se alejaba hasta desaparecer tras la puerta. 

Respiré. No sabría decir si más angustiada que antes o no, todo aquello me resultó abrumador. Cogí el móvil, abrí el chat de Stephan y escribí.

Necesito verte.: Yo

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Last train.

"I'll wrap my hands around your neck so tight with love, love, love... A thousand times I tempted fate, A thousand times I played this game, A thousand times that I have said, To..."

Me quité los auriculares y los dejé colgado alrededor de mi cuello mientras me disponía a abrir la puerta de casa. Estaba cansada, llevaba ya días entrenando fuerte y aquello me estaba pasando factura. 

Abrí finalmente la puerta y entré cerrándola tras de mí, dejé las llaves en el mueble de la entrada y entré a mi habitación. Una pequeña luz rosa procedente de mi móvil iluminaba de forma intermitente aquel lugar, alguien me había escrito. Cogí una toalla que colgaba del pico de la puerta y me la pasé por la frente y el cuello secándome el sudor mientras me acercaba a coger el móvil y mirar de quién procedían aquellos mensajes. 

Lo desbloqueé y allí estaban... Cuatro mensajes de él. Suspiré y los ignoré, necesitaba despejarme y relajarme antes de enfrentarme a ello. Necesitaba una ducha. 

[...]

Ya cambiada me dejé caer en la cama con el móvil en la mano, leyendo detenidamente los mensajes recibidos. Había dos nuevos. Suspiré y me armé de valor para contestarle, algo simple, sin mucho sentimiento... Hacía ya días que aquello no era lo mismo, que la relación con aquel chico con el que llevaba compartiendo mi vida tanto tiempo había cambiado, había perdido el color y todo mi interés hacia él.

Un mensaje nuevo. Vi el nombre del autor en la parte superior de la pantalla y sonreí involuntariamente. Accedí a la conversación y le contesté. En su perfil ponía "Escribiendo...". Parecía ayer cuando le conocí. Sthepen era un compañero de clase. Nos habíamos conocido a principio de curso y en seguida nos hicimos amigos. Era simpático, alto y fibrado sin llegar a estar mazado con unos increíbles ojos de color verde claro que contrastaban con su pelo negro carbón. Tenía un aire misterioso que hacía que te fijaras en él sin quererlo.

Sthepen: Te recuerdo que tenemos que hacer el trabajo de clase esta tarde.
Lo sé, a las 4 estaré en la universidad :Yo
Sthepen: Allí te veo :P

Sonreí apagando la pantalla del móvil y levantándome para prepararme.

[...]

La tarde se desenvolvió tranquila y resultó ser muy relajante. Estuvimos haciendo el trabajo entre risas y tonterías. Me sentía a gusto con él, sabía como animarme y como hacer que todo fuera más ameno.

Llegué a casa y recogí las cosas que tenía dispersas por la habitación. Un pitido me sobresaltó. Cogí el móvil y  miré la pantalla. Se me había olvidado por completo que había quedado con Bruce aquella tarde, decía que en breve llegaba. Y así fue, en cuestión de minutos sonó el timbre y tras la puerta de mi habitación se asomó aquel chico que me resultaba incluso un tanto desconocido, sonriente.

Se sacudió su corto pelo castaño de las pequeñas gotas de agua que lo cubría de la condensación. Su sonrisa y su silueta atlética se acercó a mí, buscando mis ojos con los suyos. Con un brazo me rodeó la cintura y agachó su cabeza (era más alto que yo) para darme un pequeño beso sobre los labios. Sonreí incómoda y me abracé a él para evitar mirarle a los ojos.

- He pensado que igual te apetecía ir a dar un paseo por el parque... está precioso con las hojas caídas.- Asentí en sus brazos y me separé de él para buscar mi abrigo y mi gorro. Me abrigué y nos dispusimos a salir de casa.

Paseamos en silencio hasta el parque, bueno, yo paseé en silencio escuchando todas las anécdotas y sucesos que le habían ocurrido durante todo el día. Tenía razón, el otoño había dejado una estampa espectacular llena de colores. Comenzamos a pasear por uno de los caminos de tierra que bordeaban las diferentes fuentes y árboles del parque, soplaba una suave brisa que hacía que las hojas de los árboles se deslizaran más lentamente hasta que finalmente tocaban el suelo. Una lluvia amarilla de hojas.

Pensándolo bien, no me reconocía a mi misma. Cómo podía ser que aquella chica que estaba allí, dada de la mano de un chico espectacular que muchas envidiaban, se diferenciara tanto de la que horas antes había estado sentada en una biblioteca riéndose. Me paré en seco y le solté la mano.

- ¿Sarah? - Bruce se giró y me miró sin comprender. Me cerní a mirar al suelo, a las hojas que se encontraban bajo mis botas y a mi alrededor. Me encogí levemente de hombros y bajé mi cazadora de las mangas para conseguir ocultar mis manos en ellas.

No me salían las palabras, no sabía muy bien qué decir, ni qué pensar... - Lo siento, pero yo no puedo seguir así... Se acabó, lo siento.- Y sin mirarle si quiera a los ojos me di la vuelta y eché a correr. El viento comenzó a soplar más fuerte y el frío me azotó las mejillas que comenzaron a dolerme. No sabía donde ir, no sabía si volver, dejé llevarme.

Me detuve en una puerta y toqué el timbre. En cuestión de segundos se abrió ante mí y un rostro desconcertado me miró al otro lado de esta. Me ardían las mejillas y a pesar de que estaba helada tenía calor de la carrera. Mis ojos se cruzaron con los suyos, acercó su mano a la mía que la tenía apoyada en el marco de la puerta mientras intentaba recuperarme.

Su contacto me dio un calambre un tanto especial y sin pensármelo, cogí aire y me acerqué a él lo suficiente como para posar mis gélidos labios en los suyos. Cerré los ojos y todo fue muy rápido. Un instante después tenía mis manos enredadas en su pelo en la nuca y en su cuello. Las suyas a la altura de mi pecho desabrochándome el abrigo. Se separó levemente de mí, para poder mirarme y me quitó el abrigo sin perderme de vista y tras este, el gorro.

Bajó su cálida mano por mi cuello, rozando mi hombro, recorriendo mi brazo hasta acariciar el dorso de mi mano con su pulgar.  Miré aquellos ojos verdes con lágrimas en los ojos y sin evitar aquel contacto me abracé a él.

Me guió hasta su habitación. Notaba como mi móvil vibraba en el bolsillo de mis pantalones, cada vez con mayor frecuencia, aproveché para echarle un vistazo en lo que Stephen se fue a la cocina a por un vaso de agua, pero no me hacía falta mirar para saber de quién eran todas aquellas notificaciones.

20 llamadas perdidas. 87 Whatsapp.

Bruce <3 : Sarah?
[...]
Bruce <3 : Por favor, contéstame, necesito una explicación de todo esto.
[...]
Bruce <3 : Sarah, estoy preocupado, llámame.
[...]
Bruce <3 : Te quiero.

Aquellos eran solo alguno de todos los que había recibido. Me giré y vi a Sthepen apoyado en el marco de la puerta con un vaso en la mano. Me incorporé de rodillas dejando el móvil a un lado y le hice señales para que se acercase. Dejó el vaso de agua en la mesa y se acercó al borde de la cama, le cogí de la mano y le hice sentarse a mi lado.

- Sarah.. ¿Por qué? - Su voz sonaba dulce y con matices de sorpresa. Eso hacía que todo su misterio me cautivara aún más. Me encogí de hombros y llevé mi mano a su mejilla, le acaricié con delicadeza sin dejar de mirarle a los ojos. Sonreí y a su vez lo hizo él. Nos acercamos poco a poco hasta que  nuestros labios se rozaron.

Comenzó a vibrar y a brillar de forma intermitente la pantalla de mi móvil. Miré de reojo. Llamada de Bruce. Noté la mirada de Stephen clavada en mí, le miré mientras cogía a tientas el móvil con la mano. Pulsé la tecla de apagado hasta que el móvil dejó de emitir señal de vida alguna. Sonreí dejándolo a un lado y le volví a besar. Stephen me siguió el beso, me rodeó con sus brazos y en un movimiento me colocó sobre sus piernas.

Todas mis preocupaciones se fueron de un carpetazo.