Y hay días en los que resulta imposible no acordarse de él.
Días en los que echas la vista atrás y añoras y deseas que aquellos años nunca se acabasen.
Días en los que realmente te sientes querida y afortunada de poder haber vivido arropada por alguien tan ajeno y a la vez tan familiar.
Por muchos días que puedan pasar y pasen hay cosas que nunca se olvidan y de las que te tengo que estar muy agradecida.
Por enseñarme todos aquellos valores que me hicieron crecer como persona, como atleta y que me inspiraron y me inspiran cada día por llegar a ser entrenadora.
Por todas aquellas riñas, llantos, sonrisas y risas que me acompañaron en todos los momentos sin importar que fueran buenos o malos. Siempre ahí.
Porque por muchos días que pasen, por muchas tormentas que caigan y por muchos obstáculos que tenga que superar... te prometo que seguiré corriendo y luchando hasta poder alcanzarte y parecerme a ti. Por disfrutar enseñando y por seguir ayudando tanto como tú hiciste conmigo.
Gracias por ser mi ejemplo a seguir. Gracias por demostrarme y por haberme permitido disfrutar de lo que ser entrenador significa. Gracias por ayudarme a crecer, a seguir mirando hacia adelante; por ayudarme a levantarme y hacerme seguir con una sonrisa. Gracias por no juzgarme, por aceptarme tal cuál era, por apoyarme en cualquier ilusión, sueño o meta que me plantease independientemente de que fuera deportiva o no. Gracias por demostrarme que los ángeles existen.
Gracias por haberme ayudado a llegar a ser quien soy.
Pero sobre todo.
Gracias por ser tú.
Por muy lejos que estés, por muchos kilómetros que nos puedan llegar a separar, solo tengo que decirte que allá donde vaya siempre estarás conmigo, que todo lo que consiga será en parte gracias a ti; que nunca te estaré lo suficientemente agradecida por todo y que siempre te voy a querer.