Seis años hace que cruzamos esas puertas por primera vez y
hoy será simbólicamente el último día que las cruzaremos.
Hace seis años, que los que estamos aquí presentes, alguno
quizás uno más, pisamos por primera vez esto a lo que llaman “Instituto”, otros
lo prefieren llamar cárcel pero bueno… véase la opinión respectiva de cada uno.
Llegábamos a un nuevo lugar, a unas distintas cuatro paredes donde íbamos a
pasar los próximos seis años y bueno, quitando la ilusión del primer día, todos
estábamos deseosos de que esos seis años pasaran volando y que todo se acabara
ya.
Ahí empezaba nuestra carrera de fondo. Lo digo así porque ha
sido el deporte que he practicado durante años pero el mismo ejemplo se puede
poner con otros deportes que hayan practicado mis compañeros, ya sea un torneo
de golf, que con cada golpe que des marcará tu vida, un partido de fútbol
contra el mayor rival posible, es decir tú mismo, con el único fin de meter el
mayor posible número de goles para poder salir victorioso de esa pelea contra
el destino… Pero volvamos a mi ejemplo si no os importa, me será más fácil
explicarme.
Comienza nuestra carrera de fondo, una carrera en la que de
verdad demuestras lo que eres, lo capaz que tú puedes ser para conseguir las
cosas, una carrera de estrategia, de dosificación, una carrera en la que no
cuenta caerse y darse por vencido, si no levantarse y seguir hacia adelante
evitando todos los obstáculos que se te presenten en el camino. Una carrera
larga, seis años, dentro de cuatro paredes, rodeada de gente ya sean amigos,
profesores, padres… en la que te juegas gran parte de tu vida, repito, ¡seis
años! Y de la cual no pienses salir limpio y sin ningún rasguño, porque por muy
perfecto que seas… todos nos caemos y nos arañamos más de una vez.
Y aquí estamos, señores, seis años después, ¿Quién nos iba a
decir que después de esos seis años fuéramos a echar todo esto de menos?
Estamos al borde de un abismo, preparados para dar otro salto para continuar el
camino de nuestras vidas, pero es imposible, o nos va a resultar imposible no echar
de menos aquello que ha formado parte de nuestra vida durante tanto tiempo.
Cuatro paredes en las que nos hemos reído, enfadado,
llorado, alborotado… Cuatro paredes que si contaran sus historias, o
concretemos en las nuestras, dirían quizás demasiado. Cuatro paredes en las
cuales hemos crecido, madurado (algunos más o que otros), en las que nos han
enseñado, en las que hemos hecho amigos, a veces enemigos, pero sobre todo,
hemos hecho algo que todos los profesores, nuestros padres, e incluso personas
ajenas, nos ayudado a conseguir ¿Sabéis a lo que me refiero? Algunos pueden que
si, otros pueden que no… pero a algo que quizás es más importante que cualquier
asignatura… a ser personas.
Pues no solo nuestros profesores se han dedicado a soltarnos
las chapas de turno y a fastidiarnos con los exámenes. Cada uno ha aportado de
si todo lo que sabe, todo su cariño, todo su conocimiento. Debemos demasiado a
todas aquellas personas que durante seis años han ido acortando su vida,
empleado horas con el fin de enseñarnos, de ayudarnos crecer y sobre todo,
ayudarnos a conseguir nuestras metas, a servirnos por nosotros mismos en la
vida.
Por ello, queremos dedicar unas palabras a todos aquellos
profesores que nos ha ayudado a llegar hasta aquí, sin olvidarnos de todos
aquellos que estuvieron con nosotros y nos tocó “abandonar” para poder ser
ayudados por otros quienes mostraron el mismo empeño que ellos.
Me gustaría poner en primer lugar, a ciertas personas, que durante
este año, y algunos más han sido como nuestras madres aquí dentro. Nos han
ayudado como nadie, nos han echado la bronca siempre que era necesario, pero
sobre todo se han preocupado por nosotros como si fuéramos sus hijos.
Nieves, profesora-madre a la cual conocimos muchos en la
excursión de la semana blanca y que ha sido profesora nuestra desde 3º de la
ESO. Madre como ninguna, a la cual a veces, bueno bastantes veces hemos
conseguido que cediera, la hemos enfadado y cabreado y a la que hemos tenido
preocupada durante este curso sobretodo. La que nos ha calcado y recalcado
todas las cosas hasta que al final las entendíamos, esa madre constante que
hemos tenido, yo por lo menos y creo hablar por todos mis compañeros de
biología durante todos estos años.
Camino, nuestra tutora desde el año pasado. Alguien que
aparte de actuar como madre echándonos la bronca, recordándonos todos y cada
uno de los días que estudiásemos (a pesar de caso omiso) se ha preocupado por
todos como ninguna. También esa mujer que hacía sus clases más amenas con sus
ironías, haciéndonos reír, ayudándonos y la primera que se alegraba cada vez
que conseguíamos superar el bache que se nos opusiera. Siempre nos quedará
ponernos en la carretera con un cartel que ponga “soy un cantamañanas, no hago
nada”
A vosotras dos, muchísimas gracias por haberos portado así
con nosotros, habernos aguantado, ayudado y haber dejado que os salieran canas
por cada disgusto que os hemos dado. (Nada que con un tinte no se arregle)
También hemos tenido personas que se han empeñado desde que
les conocemos llevarnos a conocer diferentes pensamientos, que nos han marcado
a unos más que otros con sus explicaciones y que nos han encaminado a ser
personas, ayudándonos a descubrir lo que llevamos dentro y a defender nuestros
pensamientos con argumentos al igual que hacían sus filósofos. Mari Cruz,
gracias por haber conseguido distraernos algo de la rutina llevándonos a conocer
los pensamientos de otras personas haciéndonos sacar a relucir el propio.
Personas que se hacen envidiar por la forma de organizar las
cosas y por su forma de enseñar. Que aunque se las conozca de hace poco, un
año, consiguen hacerte cogerlas cariño y hacen que su asignatura sea más
divertida. Berta, gracias por habernos enseñado este último año y habernos
aguantado.
Personas que a pesar de tener lazos con compañeras también
nos han tratado como si fuéramos hijos suyos pero sobre todo nos han motivado
con su asignatura en las nuevas tecnologías, implicándonos a poner en nuestros
estados de las redes sociales ecuaciones difíciles que debíamos tener en cuenta
o simplemente nos han ayudado a llevar todo mejor para no agobiarnos. Pepi,
gracias por habernos ayudado en todo lo que has podido, por habernos motivado
en tus clases para que no fueran tan pesadas y por haber compartido este año
con nosotros.
Personas que se van y se las echa de menos, que sin ellas
todo es diferente y hasta pierdes la motivación por la asignatura. Que nos han
aguantado durante años, que nos ha tenido que soportar desde bien pequeños y
con las cuales nos hemos reído y hemos intentado invadir la embajada francesa.
Cristina, gracias por volver a enseñarnos estos dos últimos años y por habernos
enseñado esta lengua tan romántica.
Personas que a pesar de su descuido o desorden han puesto
todo su empeño en repetir una y otra vez toda la materia con el fin de
facilitarnos su aprendizaje. El inglés es un idioma que a casi nadie le da
gusto, pero tú Rosa, le haces diferente y sobre todo fácil para aprender.
Gracias por habernos repetido continuamente cada lección y por ayudarnos a
tener una facilidad para el futuro.
O también personas que bueno, que son las únicas que te
tratan de “señorito/a” y que te hacen ver que, bueno, todo en esta vida o al
menos lo ocurrido en el pasado es “terrible”. Que te han llevado a culturizarte
y que han aportado como todos los demás
su granito de arena para crear este castillo. Gabriel, gracias por haber
compartido tu conocimiento sobre la materia y por habernos aportado ejemplos de
sucesos que son sorprendentes gracias a su relación con nuestra historia. Y
sobre todo, por las noches sin dormir estudiando tu asignatura.
En definitiva, muchísimas gracias a todos aquellos
profesores que nos han ayudado a formarnos y sin dejar a un lado a nuestros
padres que también han tenido su papel en nuestras vidas. Gracias por habernos
dado empujones cuando les necesitábamos o incluso haber venido a por nosotros
con “linternas” cuando estábamos perdidos para encaminarnos a la solución.
Y aquí estamos, entrando en meta, esa meta que habíamos
estado esperando durante toda la carrera, durante todos estos seis años, está a
pocos metros y en un momento u otro la vamos a cruzar. Es el momento en el que
a pesar de haberte caído, te has levantado y has conseguido llegar hasta el
final, has sabido llevar el ritmo y no te has rendido. Nos queda el “sprint”
ese sprint en cuyo final se encuentra el fin de esta etapa de nuestra vida, el
comienzo de otra que posteriormente vendrá. El sprint en el que a cada lado de
él se encuentran todas aquellas personas que durante toda tu vida, durante
estos años principalmente te han ayudado a llegar hasta allí, los que te van a
animar a que sueltes todo para llegar cuanto antes a esa meta, los que te van a
felicitar por todo lo que has logrado, por todo lo que has conseguido saltar y
por todo lo que has hecho. Llega el momento, el momento de nuestros aplausos,
el momento de nuestra entrada triunfal, el momento en el que está permitido
dejar escapar lágrimas, el momento en el que cruzaremos al fin la meta, las
puertas de este instituto y en que nos tendremos que despedir de todo. En ese
preciso momento en el que podremos decir decididamente: “Hemos llegado, aquí
estamos, lo hemos conseguido”
No hay comentarios:
Publicar un comentario