martes, 22 de diciembre de 2015

Aquí.

La sirena de una ambulancia rompió con el monótono ruido de aquella oscura ciudad, el ruido se oía cada vez más cerca. Pequeñas luces procedentes de farolas y edificios describían el perfil de aquel lugar. Me froté un brazo con la mano contraria a fin de reconfortarme. 

Llevaba tiempo allí, en aquellas cuatro paredes que se habían convertido en mi "hogar" en tan poco tiempo. El pitido de aquella máquina se había hecho casi imperceptible a mis oídos, la costumbre. Di unos pasos en dirección a aquella cama que se encontraba en el medio de la habitación. Todo seguía tan tranquilo como siempre.

Me descalcé y me senté sobre ella, me tapé con la fina sábana que la cubría y  me acurruqué junto a aquella respiración que se había convertido en la única compañera de mi soledad. Su cuerpo desprendía calor, a pesar de todo, era lo único que parecía tener vida allí.

Me picaban los ojos, me ardían las mejillas y sin poder evitarlo un par de lágrimas se deslizaron por ellas. Cerré los ojos con fuerza y cogí su mano libre, la estreché con cariño y me pegué aún más a él. Aquello se me hacía una eternidad. Faltaba vida, alegría... su sonrisa entre medias.

Giré la cabeza y le di un beso en la mejilla, acariciando su mano con la yema de mi pulgar. Sonreí levemente. - ¿Sabes? Estoy cansada de que me insistan en comer, no tengo hambre... aunque si estuvieras aquí serías el primero en echarme la bronca y en obligarme... -hice una pausa.- ... te echo de menos y aunque suene estúpido necesito que vuelvas, que "estés aquí". 

Me abracé a él y apoyé mi cabeza sobre su pecho. Las lágrimas llenaron mis ojos y su pijama comenzó a empaparse por las gotas. Me limpié con la mano y sorbí la nariz. - ¿Te acuerdas aquel día en el que estuvimos en la playa? Ha sido uno de los mejores de mi vida, que lo sepas. A pesar de que me tiraras al agua de aquella manera. -Imité una cara de enfadada a pesar de que no pudiera verme y reí. - Quiero que sepas, que no me voy a mover de aquí. Que el tiempo que pase sin que estemos "juntos" es lo de menos y que lo único que necesito es que sigas aquí. - Besé su mano y cerré los ojos con fuerza para evitar llorar. - Y que a pesar de todo, necesito ya esos insultos cariñosos cada mañana, los besos al despertar, las cosquillas que me hacen reír... mirar a esos ojos que me vuelven loca.. - Le acaricié la mejilla y le peiné el pelo con los dedos.- Aún me queda mucho mundo por conocer y sola no me gusta, ya lo sabes. - Sonreí y le di un beso en aquellos labios petrificados.- Te quiero- susurré. 

Y la única respuesta que tuve fue aquel pitido constante y monótono. Era mucho más de lo que merecía. Me acomodé  y cerré los ojos, presionando ligeramente mi mano sobre la suya. No me importaba el tiempo, ni el número de noches. Ni el lugar, ni la gente que pudiera rodearnos... Lo único que importaba era tenerlo.

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