La suave brisa nocturna acariciaba mis mejillas, había llovido la noche anterior y en la calle aún se podía notar la humedad. Sonreí nerviosa. Me llevé las manos hasta mis ojos cubiertos por una venda, al fondo se escuchaba el leve susurro del motor de un coche. A aquellas horas no había mucha gente por la calle.
Unos labios se posaron sobre mi pelo y se deslizaron hasta mi oreja. - Ya falta menos.- El calor que desprendió sobre la piel fue como una caricia a mi cuerpo. Encendió ese calor interno que recorría mi cuerpo, que me hacía sentir viva, cada vez que nos encontrabamos cerca. Se posaron esos labios suaves de nuevo de forma fugaz sobre mi cuello e hizo que se me erizaran los pelos.
Su mano cogió la mía y la estrechó suavemente con una caricia de su pulgar. Le escuché sonreír y un manojo de nervios recorrió todo mi cuerpo, mi tripa y en un instante me hallaba dando vueltas sobre mi misma notando la suave brisa que producía el vuelo de mi vestido azul marino. Me sentí como una niña pequeña, una niña pequeña y feliz.
Me guió en mi oscuridad y me hizo detenerme en frente de aquel ruido de motor. Una puerta se abrió y poco después la crucé hasta sentarme en el asiento de aquel coche que olía dulcemente a vainilla por su ambientador. Lo conocía a la perfección. Las horas que había permanecido allí dentro de él recorriendo miles de lugares había creado un vínculo de cariño entre ambos. Me coloqué, cómodamente y me puse el cinturón a ciegas mientras él se disponía a ocupar su asiento. Un "click" me hizo sentir segura y a la vez más nerviosa aún.
Una suave música salía del reproductor, tranquilizadora y cercana, una de mis canciones favoritas. Nos manteníamos en movimiento librando un par de semáforos que hicieron una pausa en nuestro camino. Escuchaba su respiración tranquila siendo el fondo de la mía que iba al compás del latido de mi corazón. Deslizó su mano sobre mi pierna y la acarició con cariño con la yema de sus dedos tratando de tranquilizarme. De nuevo ese calor. Posé mi mano sobre la suya y sonreí.
El silencio se mantuvo durante todo el trayecto en coche hasta nuestro destino, mi misterioso destino. El coche hizo que el silencio se hiciese más notable al apagarse el motor. Sentí una leve caricia en mi oreja izquierda que me produjo un escalofrío. Poco después me quedé sola en aquel habitáculo. Mi puerta se abrió y la leve caricia del viento me abrazó en aquella oscuridad.
Me soltó el cinturón y me ayudó a salir. El frío me congeló instantáneamente los huesos y mi pelo se alborotó debido a la brisa. Su mano izquierda me sujetó la cintura mientras que la derecha recorría mi mejilla casi sin percibir su contacto. Notaba su proximidad, el calor que desprendía su aliento era como una vela que me iluminaba en la oscuridad. Sus labios se posaron en los míos y nos fundimos en un suave beso que me hizo olvidarme del frío. Sonreí finalmente en sus labios y sus brazos me rodearon volviendo a convertirme en aquella niña pequeña que aún vivía dentro de mí.
Caminamos en la oscuridad, yo en la mía propia, por un camino que solo al final sabría a donde me llevaba. Nos detuvimos en silencio y sus brazos me rodearon por la espalda, colocó sus manos sobre mi tripa. - ¿Estás lista? - Susurró dándome seguidamente un beso en el cuello. Asentí y sus manos se dirigieron al nudo de mi venda en la parte posterior de la cabeza. Deshizo el nudo con suavidad y me libró de la venda que me había mantenido en aquella oscuridad.
Los ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la luz, mi cara de sorpresa se hizo notar al ver aquel paisaje. Miles de lucecitas se veían a lo lejos describiendo la ciudad e iluminando inocentemente el relieve de aquel paraje. - Me encanta... - Fue lo único que pude decir. Su mano cogió la mía y le dio un leve apretón. Sabía como sorprenderme siempre por muy estúpidas que fueran las cosas que me hacían feliz y me encantaban. Me giré hacia él y sonreí dándole un beso en la mejilla.- Gracias.- dije en un susurro.
- No pienses que esta es mi sorpresa, porque es solo el principio, no te he hecho vestirte así solo para enseñarte esto en medio de la nada. - Sonrío y le imité.- Aún así sabes que me encanta y ... - Me calló colocando su dedo índice sobre mis labios.
- Te he traído aquí porque me parecía un lugar ideal para decirte lo que nunca te he dicho pero que siempre lo has intuido. Sin secretos, sin normas, sin nada que me impida ser sincero... sabes que nunca se me ha dado bien esto y que para mí no es fácil... pero quiero que sepas que te quiero, ...- Mis ojos empezaron a sentirse débiles y doloridos, no perdían su mirada.- ... que desde la primera vez que te vi supe que si te dejaba entrar en mi vida la ibas a poner patas arriba y lo hiciste. Que te quiero y que quiero estar el resto de mi vida contigo, sea donde sea, nos lleve el tiempo que nos lleve...-
Y sin poder evitarlo y con las lágrimas de mis ojos desbordándose sin previo aviso, le besé. Le besé como nunca antes le había besado y después lo abracé deseando que aquel momento fuese verdad, que nunca se acabara. Noté sus lágrimas también sobre mis hombros desnudos y alcé la cabeza para mirarle a los ojos. - Yo también te quiero y siempre te querré, idiota. - Le di un pico en los labios y le volví a abrazar. Sus manos recorrieron toda mi espalda durante el abrazo que duró un rato. Me aliviaba del frío y me mantenía pegada a él y a la tierra tras tantas emociones.
Me separó levemente para mirarme y decirme. - Toca la siguiente parada... va a ser una noche muy larga llena de sorpresas ¿Preparada para empezar?. - Sonrió y asentí. - Preparada para seguir disfrutando de cada instante contigo. - Cogí su mano y entrelacé mis dedos con los suyos con fuerza.- Te quiero. -susurró.- Te quiero.-
Su mano cogió la mía y la estrechó suavemente con una caricia de su pulgar. Le escuché sonreír y un manojo de nervios recorrió todo mi cuerpo, mi tripa y en un instante me hallaba dando vueltas sobre mi misma notando la suave brisa que producía el vuelo de mi vestido azul marino. Me sentí como una niña pequeña, una niña pequeña y feliz.
Me guió en mi oscuridad y me hizo detenerme en frente de aquel ruido de motor. Una puerta se abrió y poco después la crucé hasta sentarme en el asiento de aquel coche que olía dulcemente a vainilla por su ambientador. Lo conocía a la perfección. Las horas que había permanecido allí dentro de él recorriendo miles de lugares había creado un vínculo de cariño entre ambos. Me coloqué, cómodamente y me puse el cinturón a ciegas mientras él se disponía a ocupar su asiento. Un "click" me hizo sentir segura y a la vez más nerviosa aún.
Una suave música salía del reproductor, tranquilizadora y cercana, una de mis canciones favoritas. Nos manteníamos en movimiento librando un par de semáforos que hicieron una pausa en nuestro camino. Escuchaba su respiración tranquila siendo el fondo de la mía que iba al compás del latido de mi corazón. Deslizó su mano sobre mi pierna y la acarició con cariño con la yema de sus dedos tratando de tranquilizarme. De nuevo ese calor. Posé mi mano sobre la suya y sonreí.
El silencio se mantuvo durante todo el trayecto en coche hasta nuestro destino, mi misterioso destino. El coche hizo que el silencio se hiciese más notable al apagarse el motor. Sentí una leve caricia en mi oreja izquierda que me produjo un escalofrío. Poco después me quedé sola en aquel habitáculo. Mi puerta se abrió y la leve caricia del viento me abrazó en aquella oscuridad.
Me soltó el cinturón y me ayudó a salir. El frío me congeló instantáneamente los huesos y mi pelo se alborotó debido a la brisa. Su mano izquierda me sujetó la cintura mientras que la derecha recorría mi mejilla casi sin percibir su contacto. Notaba su proximidad, el calor que desprendía su aliento era como una vela que me iluminaba en la oscuridad. Sus labios se posaron en los míos y nos fundimos en un suave beso que me hizo olvidarme del frío. Sonreí finalmente en sus labios y sus brazos me rodearon volviendo a convertirme en aquella niña pequeña que aún vivía dentro de mí.
Caminamos en la oscuridad, yo en la mía propia, por un camino que solo al final sabría a donde me llevaba. Nos detuvimos en silencio y sus brazos me rodearon por la espalda, colocó sus manos sobre mi tripa. - ¿Estás lista? - Susurró dándome seguidamente un beso en el cuello. Asentí y sus manos se dirigieron al nudo de mi venda en la parte posterior de la cabeza. Deshizo el nudo con suavidad y me libró de la venda que me había mantenido en aquella oscuridad.
Los ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la luz, mi cara de sorpresa se hizo notar al ver aquel paisaje. Miles de lucecitas se veían a lo lejos describiendo la ciudad e iluminando inocentemente el relieve de aquel paraje. - Me encanta... - Fue lo único que pude decir. Su mano cogió la mía y le dio un leve apretón. Sabía como sorprenderme siempre por muy estúpidas que fueran las cosas que me hacían feliz y me encantaban. Me giré hacia él y sonreí dándole un beso en la mejilla.- Gracias.- dije en un susurro.
- No pienses que esta es mi sorpresa, porque es solo el principio, no te he hecho vestirte así solo para enseñarte esto en medio de la nada. - Sonrío y le imité.- Aún así sabes que me encanta y ... - Me calló colocando su dedo índice sobre mis labios.
- Te he traído aquí porque me parecía un lugar ideal para decirte lo que nunca te he dicho pero que siempre lo has intuido. Sin secretos, sin normas, sin nada que me impida ser sincero... sabes que nunca se me ha dado bien esto y que para mí no es fácil... pero quiero que sepas que te quiero, ...- Mis ojos empezaron a sentirse débiles y doloridos, no perdían su mirada.- ... que desde la primera vez que te vi supe que si te dejaba entrar en mi vida la ibas a poner patas arriba y lo hiciste. Que te quiero y que quiero estar el resto de mi vida contigo, sea donde sea, nos lleve el tiempo que nos lleve...-
Y sin poder evitarlo y con las lágrimas de mis ojos desbordándose sin previo aviso, le besé. Le besé como nunca antes le había besado y después lo abracé deseando que aquel momento fuese verdad, que nunca se acabara. Noté sus lágrimas también sobre mis hombros desnudos y alcé la cabeza para mirarle a los ojos. - Yo también te quiero y siempre te querré, idiota. - Le di un pico en los labios y le volví a abrazar. Sus manos recorrieron toda mi espalda durante el abrazo que duró un rato. Me aliviaba del frío y me mantenía pegada a él y a la tierra tras tantas emociones.
Me separó levemente para mirarme y decirme. - Toca la siguiente parada... va a ser una noche muy larga llena de sorpresas ¿Preparada para empezar?. - Sonrió y asentí. - Preparada para seguir disfrutando de cada instante contigo. - Cogí su mano y entrelacé mis dedos con los suyos con fuerza.- Te quiero. -susurró.- Te quiero.-
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