martes, 31 de mayo de 2016

Solo una aproximación.

Mi mano se deslizó sobre la suya lentamente mientras nos separábamos ambos bajo aquella columna de fina lluvia. Mis mejillas permanecían sonrojadas y en mi interior mi yo pequeña daba pequeños saltos de alegría, triunfal y nerviosa ante lo que me esperaba.

Me monté en el coche después que él, el calor se agradecía y allí estábamos entre aquellas cuatro "paredes" de metal con los ojos con un brillo especial. De fondo se escuchaba amortiguada la suave lluvia que caía. Deslizó suavemente de nuevo su mano sobre la mía en forma de pequeña caricia mientras me miraba y se acercaba a mí. Nuestras caras a un centímetro. Y yo me moría por que ese centímetro desapareciese, poder probar aquellos labios que habían dado un pequeño vuelco a mi vida a base de pequeñas sonrisas.

Aquel momento solo duró un instante, lo suficiente para hacer que me entrasen ganas de gritar de felicidad. Arrancó el coche y suavemente nos deslizamos por aquel asfalto mojado, recorriendo las calles de la ciudad en silencio y con la luz tenue de las farolas que lo iluminaban. Se escuchaba levemente las canciones que la radio emitía, me acomodé en el asiento.

No sé qué hora sería cuando finalmente nos detuvimos aparcando el coche en una de las pequeñas calles cerca del centro de la ciudad. Le miré incómoda ante aquella situación, aún iba en pijama y con una sudadera. Soltó su cinturón de seguridad y seguidamente el mío llevando seguidamente su mano a mi mejilla, acariciándola. Sonrió de medio lado como él hacía siempre y me miró a los ojos. — No pienses ahora en nada, olvídate de todo y solo disfruta del momento.- Se acercó un poco más inclinando su cuerpo sobre el mío y posó sus labios sobre mi mejilla mientras agarraba con su mano que se había mudado donde yacían sus labios a mi mano, estrechándola cariñosamente.

Cerré los ojos mientras él salía del coche y se acercaba a mi puerta para abrirla. Salí del coche nerviosa y un tanto avergonzada por la situación y esperé a que él cerrara el coche y se acercara a mí. Me cogió de la mano y andamos bajo los balcones de las casas que formaban las calles resguardándonos de la lluvia.

La lluvia comenzó a amainar haciéndose cada vez más fina y escasa a medida que íbamos andando hacía quién sabe donde. Acabamos caminando finalmente por una plaza, al fondo se veían pequeñas luces salir del suelo formando diversas líneas luminosas. — ¿Me has traído a un pequeño aeropuerto low-cost en medio de la ciudad? - Intenté reírme al decir aquello pero la vergüenza de ir así vestida por el medio de la ciudad con gente paseando por las calles me hacía sentir incómoda. Vale, quizás no era tanta gente y solo alguna que otra, igual no sobrepasaban las diez personas con las que nos habíamos cruzado pero... El caso era buscar excusas.

Sonrió ante mi comentario y tiró suavemente de mí para acercarnos a aquel aeropuerto low-cost. Pequeñas lucecitas al lado de los adoquines iluminaban aquel espacio al que me arrastró.

Miré hacia al cielo buscando la proyección de estas en aquel cielo oscuro y nublado. Soltó mi mano y se alejó de mí unos metros, me miraba sonriendo y mientras yo allí daba vueltas sobre mí misma con la cabeza buscando estrellas.

De pronto unos pequeños chorros de agua nacieron del suelo y acabaron empapándome. Rabia, enfado, furia... tantos sentimientos a la vez se hallaban en mi interior en ese pequeño instante acompañado de una risa de fondo amortiguada por el agua. Quería gritar. Y justo cuando lo iba a hacer unos brazos rodearon mi cintura y me estrecharon cariñosamente. Sus labios se posaron en mi cabeza y cerré los ojos, aquella sensación era maravillosa, a pesar de estar rodeados de agua y empapados.

Sonreí girándome en sus brazos hasta que nuestras caras se quedaron enfrentadas. Abrí los ojos y me encontré con los suyos y con esa sonrisa tan irresistible que tantas veces me había provocado en aquella noche. Llevé mis brazos a su cuello entrelazando los dedos de mis manos a la altura de su nuca mientras entreabría la boca como para decir algo... pero no me salían las palabras, o quizás no era eso. Y me aproximé suavemente mi cara a la suya, sin dejar de mirar aquellos ojos que me tenían embelesada. El agua seguía cayendo a nuestro alrededor a distintos intervalos formando ondas y pequeñas cascadas. 



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