Un silencio profundo y alargado te envuelve en una oscura habitación sin ventanas. Te encuentras sentado sobre una especie de lecho, apoyando tus codos sobre tus piernas y tu cabeza entre tus manos. Tus mejillas se encuentran encendidas, bañadas por esas lágrimas que dejas caer.
Y te preguntas.. "¿Qué hago?" Una pregunta bastante común a la que nos sometemos al día unas cuantas veces, la mayoría inconsciente, pero siempre nos la hacemos. La pregunta puede ser referida a infinitas situaciones, a infinitas cosas, pero en ese momento solo hay una. ¿Abandonar o seguir?
No suele ser fácil, las cosas no lo son pero nadie dijo que lo fuera a ser. Hay baches, piedras, montañas y cortados en los caminos que seguimos pero no tenemos que detenernos o echarnos para atrás por intentar no saltarles, tarde o temprano los tendremos que superar, de una manera u otra pero tendremos que hacerlo, ¿Por qué no hacerlo desde un principio? Quizás las cosas sean más fáciles así... pero no se puede asegurar nada. Todo se va construyendo a medida de lo que decidimos y de lo que hagamos, por lo tanto nada está asegurado.
Pero esto no es razón para dejarlo todo atrás, desviarse o incluso huir de ello. La vida no se hizo para eso, no sirve para utilizarla como tal o simplemente para evitarla, está para disfrutarla y ese disfrute incluye los baches que haya que saltar. Puede que en momentos todo sea oscuro y que no puedas reprimir tus lágrimas, que te sientas impotente y que no sepas que elegir... nunca dejes de luchar por lo que quieres, por lo que crees porque si tú no luchas por ello, nadie te asegura que vaya a luchar por ti.
Las cosas no se plantean para abandonar, no se huye de ellas por no querer afrontarlas, si todo fuese así... ¿Dónde estaríamos ahora? ¿Dónde estarían todos los avances que tenemos? La vida está hecha para los valientes, para los luchadores, para los que saben a dónde quieren llegar.
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a luchar por lo que quieres?
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